El CTCR consigue obtener quitosano de origen fúngico, a escala laboratorio, durante el primer año del proyecto QUITOTEC

        El CTCR apuesta por la innovación tecnológica a través de la investigación de nuevos polímeros y materiales con propiedades de biodegradabilidad y no toxicidad. Y es que, en los últimos años, la producción de quitosano usando hongos ha recibido bastante atención, por ser un biopolímero que se genera de forma natural en su pared celular y se puede obtener por cultivo. En ello se ha centrado precisamente el personal investigador del área de biotecnología que, durante un año ha focalizado su trabajo en el estudio de las especies de hongos que contienen el biopolímero, seleccionando dos variedades diferentes con claro potencial productor de este biomaterial, en base a su origen y características.

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Hongos de la clase Zygomycetos seleccionadas por CTCR para los cultivos


En esta línea, durante la primera fase de activación y cultivo se han seleccionado tanto los sustratos que han permitido la fermentación, teniendo en cuenta composición y concentración en el medio (azúcares y proteínas), como las condiciones ambientales de cultivo (pH, temperatura y agitación). Concretamente, se ha apostado por la fermentación en estado sumergido (smF) como metodología para el crecimiento de hongos y producción de quitosano para, a continuación, iniciar su extracción y caracterización.

Tras ello, los próximos meses serán decisivos para analizar su potencial en dos vertientes:

Por un lado, el CTCR evaluará su capacidad como agente antimicrobiano para la industria textil y calzado. El quitosano es un candidato excelente para su aplicación directa en diferentes tipos de fibras (naturales de algodón, lino, yute y celulósicas), pero también en polímeros (fibras sintéticas de poliéster y poliamida) utilizados en la fabricación de calzado: forros, plantillas, palmillas… Además, es apto también para su incorporación en las formulaciones de caucho elastómero SBR y NBR, cauchos termoestables como el TPU y poliuretano, cauchos termoplásticos como el PVC y SBS y otros como EVA, empleados comúnmente en el proceso de fabricación de calzado de vulcanizado. Una vez incorporado este biopolímero a los diferentes materiales, se harán ensayos de actividad antimicrobiana según norma ISO 16187.

De otro lado, se evaluará su capacidad de coagulación y floculación en aguas tintadas, mediante ensayos del tipo “jar test”, con el fin de comprobar cuál es la concentración más adecuada de biopolímero a añadir, hasta conseguir eliminar partículas de colorante y contaminantes disueltos en aguas residuales. Su aplicación directa en la industria del calzado se centra en:
- El tintado de algodón 100% natural empleado en la fabricación de zapatillas vulcanizadas al corte.
- Durante el proceso de acabado de calzado completo, pues se somete al zapato a un “sprayado” de laca en una cabina adecuada con agua recirculante.
- En la fabricación de suelas de poliuretano y termoplástico: cuando el acabado de la suela no es el deseado, se convierte en fundamental la aplicación del lacado mediante máquinas automáticas o con pistolas para dar un aspecto homogéneo a las suelas inyectadas.

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